[vc_row top_padding=»80″ bottom_padding=»80″ bg_position=»left top»][vc_column width=»1/2″][headline type=»h2″ font=»font-special» size=»fontsize-m» weight=»fontweight-700″ transform=»transform-uppercase» align=»align-left»]OKUPAS[/headline][vc_column_text]Esto es el mundo al revés. La complicidad de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, con los okupas en Barcelona ha propiciado la creación de una red mafiosa que se dedica a extorsionar a los propietarios de las viviendas para conseguir dinero. El mecanismo es sencillo: ocupar pisos para pedir dinero a cambio de abandonarlos. “No vayan a salir, en una semana nos van a ofrecer 3.000 euros”, se puede escuchar en este audio al que ha tenido acceso Okdiario en el que uno de los participantes en estos actos presuntamente delictivos avisa al resto de okupas de la rentabilidad que obtendrán si no desalojan el edificio, según recoge el autor original de este artículo okdiario y comparte Manuel Trujillo para Periodista Digital.

El sábado pasado un grupo de okupas se coló por la azotea de un edificio recién construido. Lo hicieron accediendo por el colindante y consiguiendo así entrar en los nuevos pisos.

Casas ocupadas, cerraduras cambiadas e imposibilidad de recuperar las viviendas. Es el panorama que los dueños del edificio encontraron al llegar tras el aviso de la empresa de seguridad que protegía la propiedad. Pero la ocupación no había terminado. Otras personas continuaron entrando en el edificio ante la mirada de los propietarios a los que se instó a no impedir la entrada de nuevos okupas. “Los mossos nos dijeron que no podían desalojar, que había niños y ancianos. Pero además, no nos permitieron impedir que entraran más en el edificio”, se quejan fuentes de la constructora.

Los okupas conocen los problemas que supone para los propietarios los largos plazos judiciales para conseguir revertir una ocupación. Este audio al que ha tenido acceso OKDIARIO, enviado por uno de los okupas al resto a través de WhatsApp, se relata cómo uno de los organizadores de la ocupación intenta sacar el mayor beneficio económico a su ‘hazaña’: «Estamos negociando porque no encuentran manera de sacarnos. No vayan a salir. Están ofreciendo 2.000 euros pero a mí me han ofrecido 2.300 y ustedes saben cómo va esto. En una semana nos van a ofrecer 3.000, y en dos semanas nos van a ofrecer 5.000 porque esta gente quiere su piso y va a pagar lo que sea para entrar ya».

Finalmente, los propietarios tuvieron que pagar a los okupas para poder solucionar la situación. Según han informado fuentes directas, «se pagó más a los organizadores de la ocupación que al resto de okupas».

Además, los vecinos tuvieron un papel importante al organizar una protesta frente al edificio para exigir su desalojo. La propia empresa constructora reconoce que «sin la ayuda de los vecinos hubiese sido mucho más difícil».

El procedimiento

Las ocupaciones se han convertido en Barcelona en una auténtico mecanismo de chantajes para sacar la mayor rentabilidad apoyándose en las facilidades de las que disponen los okupas para ello.

En este sentido se presentan distintas figuras, la primera es la de los ‘organizadores’ y la segunda, la de los okupas. Éstos son los primeros en entrar a las casas para, luego, revender la propiedad que, por supuesto, no es suya. De esta manera cuentan con dos beneficios: la de convertirse en interlocutores entre los okupas y propietarios – y sacar así dinero extra por ello- y la de embolsarse el dinero que los okupas les abonan para acceder a las viviendas de manera ilegal.

La segunda figura es la de aquellos que ocupan las casas pagando una cantidad de dinero para luego alegar que desconocían que se tratase de algo ilegal. “Suelen preferir que sea gente con niños pequeños, ancianos o enfermos”, aseguran fuentes expertas en la materia. De esta manera, las autoridades tienen más difícil su desalojo y el procedimiento legal puede extenderse en el tiempo.

[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=»1/2″][vc_accordion active_tab=»1″ collapsible=»yes» disable_keyboard=»yes»][vc_accordion_tab title=»OKUPAS Y PROPIETARIOS»][vc_column_text]

El joven marroquí se detiene en el rellano y con mucha seguridad y aplomo dice que no piensa marcharse del piso, que su mujer sí que es española, que tienen un hijo pequeño…

“Yo le alquilé el piso a N. , a la que estaba antes. Me dijo que era suyo, que ya estaba cansada de alquilárselo a turistas, que prefería dejárselo a una familia… Y yo le dije pues vale, porque yo ya la conocía, porque yo una vez también le alquilé una litera en plan guiri, porque N. no pedía documentación ni nada y ya llevaba tiempo en este edificio, ¿entiendes? Y después un día, de repente, que estaba yo tan tranquilo, llegó la dueña de verdad del piso, la italiana, con los del juzgado, diciendo que el piso era suyo, que nos teníamos que marchar, que nos iban a desahuciar… ¡No es lista ni nada la N.! Ella es de esos que alquilan pisos para luego alquilarlos a turistas, pero ya verá ella, ya…”.

Estamos en la calle Salomó ben Adret, antes Sant Domènec del Call, en el corazón del barrio Gòtic, en mitad de una guerra. Ahora la gente que alquila pisos para luego subarrendarlos por días a turistas a través de las plataformas digitales, cuando ven que el negocio se les acaba, cuando ven que los propietarios por fin consiguieron una orden de desalojo, pues van y trapichean con ellos en el mercado clandestino de la vivienda de Barcelona. O quizás todo esto no es más que una treta pergeñada por unos y otros para driblar el desalojo. El ingenio inmobiliario en esta ciudad no conoce límites.

Y en ese preciso momento otro joven, mucho más alto y fornido, sin camiseta, asoma la cabeza, sale al rellano y con cara de ningún amigo pregunta qué demonios pasa, que si alguien quiere cortarnos el agua o qué, qué pasa aquí…

“Tranquilo –le dice el otro–, no pasa nada… Es que todos los dueños de aquí van a malas –continúa explicando–, y encima tienen el edificio hecho una porquería y…”.

El okupa del piso de arriba

“Yo le alquilé el piso a la que estaba antes, y tengo un hijo pequeño y no me voy a ir”

“Sí –tercia el otro joven, aún con el ceño fruncido, después de ponerse una camiseta–, a mí el piso este me lo alquiló la amiga de N., y tampoco era suyo ¡me sacó mil euros por la cara!, y luego vino la dueña pegándole patadas a la puerta, para echarme, pero yo no me voy, yo ya pagué, yo tengo mis derechos, y también tengo un abogado… ¡y el otro día unos propietarios se disfrazaron de pintores para colarse y ocupar el piso que tenía ocupado un indigente! Es muy fuerte que se atrevan a disfrazarse y colarse así”. “Ya ves, quitarle el piso así a un pobre desgraciado –retoma el joven marroquí–, un piso que está hecho un asco, allí no puede vivir nadie ¿qué les importaba que un desgraciado…? Yo le dije a la italiana que le pagaba 200 o 300 euros, porque yo trabajo en un grow, y que podíamos pedirle financiación al Ayuntamiento y pagarle también así otros 300… pero ella se negó a todo”.

“Yo tengo un hijo de dos años –continúa–. ¿Quiere guerra? Pues tendrá guerra, porque de aquí no me mueve nadie, que llamo a todos los vecinos antidesahucios que apoyan a las familias ocupas y de aquí no nos saca nadie en un par de años, ¿entiendes? No, no pienso decirte cuánto le pagué a N. ¿Tú qué eres? ¿Un abogado? Yo esas cosas sólo se las cuento a mi abogado”.

El otro joven enciende una colilla y resopla. Otro inquilino cruza el rellano y baja las escaleras mirando los escalones. Nadie quiere más problemas. La propiedad de esta finca está repartida entre un montón de particulares. La mayor parte de los inquilinos tiene un contrato de alquiler. Lo que ocurre es que sus caras cambian cada vez con mayor frecuencia. Apenas quedan vecinos de toda la vida. Uno de ellos dice que le da miedo marcharse el fin de semana porque esta gente se queda con tu casa en menos de 72 horas, que alguno ya lo intentó no hace mucho. “Aquí en el barrio últimamente, si te despistas, alguien te roba la casa”.

La italiana en cuestión, la dueña del piso donde vive el joven marroquí, se llama Katia Messa. Katia explica que compró su piso hace 20 años, que vivió aquí tres años, que terminó de pagarlo en marzo…

“Yo siempre les alquilé el piso a estudiantes que acostumbran a quedarse alrededor de un año –prosigue–. Hacíamos contratos de temporada. Cuando apareció Airbnb también alquilé el piso algunas veces por días. Y la verdad es que entonces pude sacarme una licencia de apartamento turístico, pero no quise dedicarme a ese negocio y seguí con los estudiantes. Para mí esto siempre fue un complemento muy importante. Yo soy madre soltera”.

Y en abril aparecieron los inquilinos perfectos, una pareja encantadora, con buenas nóminas y bien dispuestos a pagar el mes entrante y otros dos de fianza: 3.150 euros.

[/vc_column_text][/vc_accordion_tab][vc_accordion_tab title=»BARCELONA SIN LEY»][vc_column_text]Esto es el mundo al revés. La complicidad de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, con los okupas en Barcelona ha propiciado la creación de una red mafiosa que se dedica a extorsionar a los propietarios de las viviendas para conseguir dinero. El mecanismo es sencillo: ocupar pisos para pedir dinero a cambio de abandonarlos. “No vayan a salir, en una semana nos van a ofrecer 3.000 euros”, se puede escuchar en este audio al que ha tenido acceso Okdiario en el que uno de los participantes en estos actos presuntamente delictivos avisa al resto de okupas de la rentabilidad que obtendrán si no desalojan el edificio, según recoge el autor original de este artículo okdiario y comparte Manuel Trujillo para Periodista Digital.

El sábado pasado un grupo de okupas se coló por la azotea de un edificio recién construido. Lo hicieron accediendo por el colindante y consiguiendo así entrar en los nuevos pisos.

Casas ocupadas, cerraduras cambiadas e imposibilidad de recuperar las viviendas. Es el panorama que los dueños del edificio encontraron al llegar tras el aviso de la empresa de seguridad que protegía la propiedad. Pero la ocupación no había terminado. Otras personas continuaron entrando en el edificio ante la mirada de los propietarios a los que se instó a no impedir la entrada de nuevos okupas. “Los mossos nos dijeron que no podían desalojar, que había niños y ancianos. Pero además, no nos permitieron impedir que entraran más en el edificio”, se quejan fuentes de la constructora.

Los okupas conocen los problemas que supone para los propietarios los largos plazos judiciales para conseguir revertir una ocupación. Este audio al que ha tenido acceso OKDIARIO, enviado por uno de los okupas al resto a través de WhatsApp, se relata cómo uno de los organizadores de la ocupación intenta sacar el mayor beneficio económico a su ‘hazaña’: «Estamos negociando porque no encuentran manera de sacarnos. No vayan a salir. Están ofreciendo 2.000 euros pero a mí me han ofrecido 2.300 y ustedes saben cómo va esto. En una semana nos van a ofrecer 3.000, y en dos semanas nos van a ofrecer 5.000 porque esta gente quiere su piso y va a pagar lo que sea para entrar ya».

Finalmente, los propietarios tuvieron que pagar a los okupas para poder solucionar la situación. Según han informado fuentes directas, «se pagó más a los organizadores de la ocupación que al resto de okupas».

Además, los vecinos tuvieron un papel importante al organizar una protesta frente al edificio para exigir su desalojo. La propia empresa constructora reconoce que «sin la ayuda de los vecinos hubiese sido mucho más difícil».

El procedimiento

Las ocupaciones se han convertido en Barcelona en una auténtico mecanismo de chantajes para sacar la mayor rentabilidad apoyándose en las facilidades de las que disponen los okupas para ello.

En este sentido se presentan distintas figuras, la primera es la de los ‘organizadores’ y la segunda, la de los okupas. Éstos son los primeros en entrar a las casas para, luego, revender la propiedad que, por supuesto, no es suya. De esta manera cuentan con dos beneficios: la de convertirse en interlocutores entre los okupas y propietarios – y sacar así dinero extra por ello- y la de embolsarse el dinero que los okupas les abonan para acceder a las viviendas de manera ilegal.

La segunda figura es la de aquellos que ocupan las casas pagando una cantidad de dinero para luego alegar que desconocían que se tratase de algo ilegal. “Suelen preferir que sea gente con niños pequeños, ancianos o enfermos”, aseguran fuentes expertas en la materia. De esta manera, las autoridades tienen más difícil su desalojo y el procedimiento legal puede extenderse en el tiempo.[/vc_column_text][/vc_accordion_tab][vc_accordion_tab title=»OKUPAS DENUNCIA A DUEÑOS»][vc_column_text]Barcelona

Un vecino de Barcelona está viviendo una rocambolesca situación desde hace mes y medio en la que por fin va a mediar la justicia. Carles Veiret, propietario de un piso, dice haberse visto obligado a vivir en casa de un amigo porque su vivienda está ocupada por cuatro personas chilenas que, según aseguran por su parte, la alquilaron a un estafador. De hecho, los «okupas» denunciaron al propietario por «violar su intimidad».

Veiret explicó su impotencia tras denunciar el caso ante los Mossos d’Esquadra, que el 4 de enero identificaron e imputaron a los cuatro inquilinos ilegales por ocupación ilegal y otro de usurpación de fluido eléctrico y agua, pero que no pueden desalojarlos hasta que lo autorice un juez. La juez del caso recibió la denuncia en noviembre y solicitó un informe a los Mossos d’Esquadra, pero éstos no lo realizaron hasta enero.

Declaraciones

La juez del caso tomará ahora declaración tanto al propietario del piso como a los cuatro chilenos, que aducen para no marcharse del piso que no tienen medios para ir a otra vivienda. El dueño heredó el piso de sus padres y durante un tiempo lo tuvo alquilado a unas personas que fueron desahuciadas en otoño por impago.

El pasado 28 de noviembre, mientras esperaba los trámites para rehabilitar el piso, acudió a la vivienda para tomar unas medidas y descubrió que alguien había cambiado la cerradura y que estaban viviendo en él, aunque nadie le abrió el piso. Avisó a los Mossos y una patrulla se personó en el lugar e identificó a los cuatro ocupantes. Los inquilinos aseguraron a los agentes que hacía más de un mes y medio que viven en el piso y que tienen un contrato de alquiler verbal con una persona que pasa una vez al mes para cobrarles. Como el dueño no pudo demostrar que la ocupación era reciente, los Mossos no pudieron desalojarlos.

Por su parte, el presidente de la Asociación de Propietarios de Cataluña, Lluís Miquel Pahissa, aconsejó a las personas que se encuentren esta situación que expulsen a los inquilinos ilegales «sin avisar a la Policía».[/vc_column_text][/vc_accordion_tab][vc_accordion_tab title=»OKUPACIÓN EN BARCELONA»][vc_hoverbox image=»16123″ primary_title=»» hover_title=»»]PUERTAS-ANTIOKUPA[/vc_hoverbox][/vc_accordion_tab][/vc_accordion][/vc_column][/vc_row]